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Comunidad Mak√° marca presencia en Itaipu Binacional

 

 

 

    

En un limitado espacio físico en pleno micro centro de Ciudad del Este, los indígenas Maká dan valor agregado al algodón paraguayo, tejiendo su presente y futuro con la producción artesanal que luego exponen en diferentes puntos de venta, entre los que figura el Centro de Recepción de Visitas de la Itaipu Binacional.

  

   

Los  indígenas de la comunidad Maká, cautivan la atención de la gente que llega a la Entidad desde diferentes puntos del mundo, con su apreciada artesanía en uno de los rincones del Centro de Recepción de Visitas en la Ciudad de Hernandarias, ya que el puesto artesanal de los mismos, se convirtió en la parada inicial de los turistas que visitan la usina.

   

Prácticamente, desde que Itaipu Binacional se convirtió en opción de turismo, los Maká sumaron presencia en medio de los atractivos para turistas europeos, argentinos y brasileños, y por supuesto paraguayos de todas las edades,  que no dejan de valorar la producción artesanal.

  

   

De lunes a domingo, desde las cinco de la mañana, hasta el cierre del horario de visitas, los Maká ofertan coloridos bolsos elaborados con hilo nacional, pulseras, anillos, instrumentos musicales, arcos y flechas artesanales, que son elaborados en la comunidad.

  

  

Una mezcla de estoicismo, humildad, espíritu pacífico, irradian en su mirada los aborígenes de esta parcialidad, quienes, tal vez,  precisamente con estos mismos valores, han podido conquistar un pequeño espacio dentro del vertiginoso mundo comercial de la capital del Alto Paraná.

  

El “día a día”
Desde las orillas del río Paraná, en el barrio Emiliano R. Fernández de Ciudad del Este, cada madrugada, con frío, calor o lluvia, los hermanos Maká se aprestan a cargar sus artesanías en las anchas maletas de tejido, antes de salir a la calle que les lleva hasta la parada y abordar uno de los primeros buses para llegar hasta Hernandarias. No quieren perder a ningún grupo de visitantes, que a partir de las seis de la mañana o más temprano aún, llegan hasta el Centro de Recepción de Visitas.

  

   

Rogelio Echeverry, uno de los pioneros del trabajo que la comunidad desarrolla en el predio del Centro de Recepción de Visitas, al igual que sus compañeros, valoran este espacio que les brinda la Entidad, el cual, a pesar de las épocas flojas para las ventas, les posibilita una alternativa para ayudar a la sobrevivencia de su familia.

  

Son 30 las familias beneficiadas con la exposición permanente de sus productos en este espacio que desean conservar siempre, según dijeron. Consideran -para la comunidad- una opción que les desafía a mejorar día a día su trabajo, que les incentiva a diversificar su producción artesanal, y sobre todo, a aspirar a una mejor calidad de vida.

   

Hombres y mujeres que no dejan de andar
Las barreras de la distancia y los climas adversos, así como las dificultades de idioma o comunicación, no impiden a los Maká a concretar los desafíos cotidianos propios de la gente laboriosa como ellos.

 

Su paciente andar les permite “salvar el día a día”, sin dejar atrás los afanes para que los niños se formen en la escuelita de la comunidad o en otras escuelas públicas ubicadas alrededor de ella. Con esfuerzo, varios jóvenes de la parcialidad se están formando en la universidad.

  

  

De acuerdo al resultado de un estudio elaborado por médicos del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y del Ambiente (INERAM),  los adultos de la etnia Maká tienen los pulmones mucho mejor desarrollados que el resto de los paraguayos. Almacenan casi un cuarto de litro más de aire, lo que les permite un mayor rendimiento físico.

   

Los resultados fueron curiosos: "Se notó un acondicionamiento fisiológico funcional notoriamente superior en los individuos de la etnia Maká", según había destacado el neumólogo Domingo Pérez, uno de los responsables del estudio, realizado en 2008.

  

Esta ventaja fisiológica se debería a una evolución genética producida por una mayor exigencia física, teniendo en cuenta que desde tiempos inmemoriales esta comunidad se vio en la necesidad de caminar más y desarrollar mayor trabajo físico, su organismo ha ido evolucionando para satisfacer esta exigencia.

  

  

Pero a diferencia de muchos otros seres humanos que vivimos en este país, y más específicamente en esta verde región del Alto Paraná a la que algunos han bautizado como la “cuna verde del sol”, por momentos, el aire para ellos no es tan gratuito ni accesible, porque la comunidad está asentada en un espacio físico muy reducido, pero que sin embargo, es donde cada vez acuden más familias, de las 1.500 que viven en Mariano Roque Alonso, atraídos por el movimiento comercial.

    

Consecuentemente, el hacinamiento crea dificultades de salud afectando principalmente a los niños, conforme indicaron los referentes de la comunidad, quienes dijeron que la zona Este es la más propicia para ellos en cuanto a difusión y venta de artesanía y principalmente, porque quieren sumar la agricultura como otro rubro de actividades. Para el efecto, piden la consideración de las autoridades nacionales para la concesión de un espacio territorial que pueda albergar a más familias Maká en la región.

 

No podemos negar lugar a nuestros hermanos que vienen de lejos, por lo que no dejamos de aspirar a un pedazo mayor de tierra donde podamos también dedicarnos a la agricultura o por lo menos tener una huerta familiar en esta región tan grande y tan rica en recursos naturales”, dijo Rogelio Echeverry, al transmitir el deseo de los Maká, que sean incluidos en las posibilidades de desarrollo y un mejor futuro para el pueblo paraguayo.